Mercedes Milá, en El Mirador de hace 25 años

Artículo original de Mercedes Milá, incluido en El Mirador del Flash, editado en 1995 - Rosario Gil Bhórquez trabajó durante 21 años en el Flash Flash como encargada de los lavabos y durante esos años no pidió la baja por enfermedad ni una sola vez. “Yo trabajaba en el Hotel Oriente y, entre otras cosas, hacía 20 o 30 camas de matrimonio al día, que era muy cansado. Lo del Flash era un trabajo mejor”.

Y poco a poco entre el cuidado de los lavabos, la atención al teléfono y el despacho de tabaco Rosario fue creando un mundo personal e intransferible en su relación con los clientes más diversos, que acabó convirtiendo al Flash en el centro de su vida. Hoy, a sus 71 años, esta mujer andaluza nacida en Medina Sidonia, en la provincia de Cádiz, ya está jubilada.

¿Cómo recuerdas ahora Rosario aquellos días locos antes de que se abriera el restaurante al público?

Huy, muchos nervios. Todos hacían todo al mismo tiempo y al final se juntaron los carpinteros con los pintores y lo manchaban todo. Yo les ayudaba y fregaba sin parar. Recuerdo el día que pusieron el papel con las muñecas y el día de la inauguración que entraba la gente por la puerta y yo todavía estaba con el mocho en la mano.

 



¿Cómo te explicaron cuál iba a ser tu trabajo?

Fue el Sr. Milá. Me dijo: Rosario, quiero aquí mucha limpieza y yo le dije que por eso no se preocupara, que eso no iba a faltar. Fíjate que he estado 21 años y todavía están los wáteres de cuando entré. Como la leche, los tenía blancos blancos como la leche, cuando me jubilé los wáteres estaban como llegados de la tienda… no sé ahora cómo estarán… porque yo cuando limpiaba metía bien la mano y tiraba continuamente de la cadena.



¿por tu experiencia, Rosario, dirías que la gente es sucia o limpia?

Detrás de cada hombre o cada mujer que salía iba yo con mi paño blanco y lo repasaba todo. No esperaba a que se ensuciase. La verdad es que yo les vigilaba por la rendija que dejaba la puerta y les veía cómo se lavaban las manos. Si veía que no usaban jabón al salir se lo decía, sí señor, “primero con jabón”, porque sí es verdad que hay gente que no usa jabón y no le importa ensuciar la toalla.

¿Cómo que se lo decías?

Se lo decía, sí. Recuerdo un día que a un señor muy elegante le sentí sonarse los mocos con la toalla. Y eso sí que no. Cuando salió le dije: “mire, eso que ha hecho usted está muy mal y no lo vuelva a hacer más- Seguro que a usted no le gustaría, si viniera detrás de otro que lo hubiera hecho, ir a secarse las manos y encontrarse toda la “mocarrá”. Se quedó mudo.


¿Y por qué llamabas “pajaritos” a los clientes?

Llamaba pajaritos a los más jóvenes, a los mayores les llamaba pájaros. No sé. Nadie se molestó nunca ni nadie me dijo “oiga, señora, ¿por qué me llama usted pájaro?... también les decía “picha”, porque soy de Cádiz, y eso siempre les hacía reír.

Y es cierto que Rosario, a la que traté y vi trabajar durante tantos años, tenía un don especial para comunicarse, una expresión tan espontanea y sincera, en medio de una sonrisa asombrada, que dijera lo que dijera era imposible sentirse molesto con sus palabras o con sus consejos.

¿Qué estudiaste de joven?

No fui nunca a la escuela. Sólo sé escribir mi nombre y cosas sencillas. Aprendí a leer sola. Leer es lo que más me ha gustado en toda mi vida.

¿Y nunca pensaste en casarte?

No he querido. Yo quise mucho a un chico cuando era joven. Pero no me fue posible con él, pues con ninguno. Y no lo echo de menos.

¿Vive sola?

Sí. Cuando salía de trabajar hacía mi vida y cuando llegaba a dormir a casa hacía lo que más me gusta, como te he dicho, que es leer. Ahora que tengo mucho más tiempo leo más. Estoy leyendo sobre los Faraones y el otro día terminé uno sobre el comportamiento de las hormigas, que por cierto yo no sabia que son los animales que más hacen el amor…

Hay días que Rosario vuelve al Flash empujada por una nostalgia infinita, con su carga de bondad y surrealismo. Reencuentra a sus compañeros de trabajo, que la adoran y a los que adora, y se la ve entre las mesas con los antiguos clientes con los que comparte recuerdos, consejos, secretos – “en los lavabos se entera una de muchos secretos y muchas historias”- y su amor por el Flash. “Mira, Mercedes, mi vida cambió por completo cuando entré a trabajar en el Flash. Ya hace 25 años”.