Aquí, ahora y el sexo de las hormigas

Vídeo de Poldo Pomés. Texto de Xavier Mas de Xaxás - Mercedes Milá es una de las mujeres periodistas más importantes que ha habido en España. Supo convertir la televisión en un medio próximo y sincero. Hoy puede parecer extraño porque la televisión es distante y manipuladora. ¿Alguien se cree que las preguntas de una entrevista no están pactadas y las respuestas ensayadas? Casi nadie es sincero en televisión.

Pero en octubre de 1982, cuando Milá arrancó el programa de entrevistas ‘Buenas Noches’, todo estaba por explorar y por hacer. El primer invitado fue Maradona y la actuación musical fue de Una Luz Casal, que entonces aún no había triunfado. Un año después, con el formato y el estilo consolidados -algo tan sencillo como llevar la naturalidad de la calle al plató-, Camilo José Cela confesó que era capaz de succionar un litro y medio de agua vía anal, y José Feliciano puso la música. Aun faltaban varias décadas para la explosión de la televisión friki.

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Recetas de tortillas de Carolina Cella

Xavier Mas de Xaxás - Carolina Cella fue la madre de Rudolf Grewe, compilador del Sent Soví, el recetario medieval que es la piedra angular de la cocina catalana.

Carolina nació en Barcelona en 1894 y murió en la misma ciudad en 1987 a los 93 años. Perdió a su padre siendo niña y se crió con su madre en un piso de la plaza Universidad. Fue actriz aficionada, y le gustaba viajar, pasear y bailar. También escribía poesía romántica y con el tiempo fue una gran jugadora de bridge.

Durante unas vacaciones en Mallorca conoció al alemán John Grewe, un hombre 14 años mayor que ella que había recorrido el mundo y vivido en lugares a priori tan opuestos como Madagascar y Brasil. Se casaron y tuvieron tres hijos. Rudolf, o Rudy, fue el menor.

 

Carolina fue una gran aficionada a la cocina. Cocinaba en su casa de la calle Muntaner y también en la casa de veraneo en Viladrau. Escribía las recetas en unas fichas que guardaba muy bien ordenadas. Son platos del recetario clásico, con influencias francesas y alemanas muy claras.

Esta afición por la cocina la transmitió a su nieta Rosa Esteva, que ha hecho una gran carrera como restauradora.
Compartimos aquí con vosotros dos recetas de tortillas que nos parecen interesantes porque Carolina las escucha en un programa de radio.

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¡Si las paredes del Flash hablaran!

Por Margarita Ruiz - Entrar en el Flash Flash es como entrar en casa, con la ventaja de que siempre hay antiguas o nuevas caras amables que te observan, como si estuvieran esperándote para que formes parte de la familia flashera, discreta y variopinta. Da igual la hora, el día de la semana, el clima o la compañía con la que te encuentres: el blanco de paredes y muebles, más la exquisitez del personal te hacen sentir relajada y contenta. Años atrás, una de las cosas que más me sorprendía al entrar, es que Mister Soria siempre me indicaba la mesa en la que alguien me esperaba, sin decirle yo nada. Él siempre sabía quién iba con quién, con una especie de complicidad mágica incapaz de reproducirse en ningún otro lugar. Sabio Soria!!! le eché mucho de menos cuando de jubiló...

Me han ocurrido varias anécdotas entre sus paredes, después de 50 años de asistencia, primero con mis padres y hermanos, después con algún que otro novio y la mayoría de veces, con amigos de todo tipo y condición, porque el Flash es sobre todo, cosmopolita. 


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Mercedes Milá, en El Mirador de hace 25 años

Artículo original de Mercedes Milá, incluido en El Mirador del Flash, editado en 1995 - Rosario Gil Bhórquez trabajó durante 21 años en el Flash Flash como encargada de los lavabos y durante esos años no pidió la baja por enfermedad ni una sola vez. “Yo trabajaba en el Hotel Oriente y, entre otras cosas, hacía 20 o 30 camas de matrimonio al día, que era muy cansado. Lo del Flash era un trabajo mejor”.

Y poco a poco entre el cuidado de los lavabos, la atención al teléfono y el despacho de tabaco Rosario fue creando un mundo personal e intransferible en su relación con los clientes más diversos, que acabó convirtiendo al Flash en el centro de su vida. Hoy, a sus 71 años, esta mujer andaluza nacida en Medina Sidonia, en la provincia de Cádiz, ya está jubilada.

¿Cómo recuerdas ahora Rosario aquellos días locos antes de que se abriera el restaurante al público?

Huy, muchos nervios. Todos hacían todo al mismo tiempo y al final se juntaron los carpinteros con los pintores y lo manchaban todo. Yo les ayudaba y fregaba sin parar. Recuerdo el día que pusieron el papel con las muñecas y el día de la inauguración que entraba la gente por la puerta y yo todavía estaba con el mocho en la mano.

 



¿Cómo te explicaron cuál iba a ser tu trabajo?

Fue el Sr. Milá. Me dijo: Rosario, quiero aquí mucha limpieza y yo le dije que por eso no se preocupara, que eso no iba a faltar. Fíjate que he estado 21 años y todavía están los wáteres de cuando entré. Como la leche, los tenía blancos blancos como la leche, cuando me jubilé los wáteres estaban como llegados de la tienda… no sé ahora cómo estarán… porque yo cuando limpiaba metía bien la mano y tiraba continuamente de la cadena.

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1980. El Flash Flash cumple 10 años.

Por Francis Closas - El parking Tave es el anexo lúdico del Flash desde que en 1980 el diseñador Francis Closas tuvo la idea de montar allí la primera fiesta de aniversario. En aquella época recuerda que el aparcamiento cerraba el sábado por la noche y no volvía a abrir hasta el lunes, y el propietario nos lo cedió el domingo 28 de septiembre. “Disimulamos la entrada con unas telas y unos focos –explica Francis-.

 

 

Nada más cruzar este umbral había una fila de neveras industriales a la derecha con todas las bebidas. Colocamos la pista de baile en el centro y la iluminamos con los faros de siete coches de época. Desde un Aston Martin hasta un Seat 600. Detrás de la pista de baile construimos una tarima y allí se colocó la Orquesta Platería. Un poco más allá instalamos un piano blanco de cola. La fiesta la abrió el bailarín Cesc Gelabert, que acababa de regresar de Nueva York. Interpretó un número muy emocionante inspirado en el jazz. Deberíamos ser unas 400 personas y nos lo pasamos estupendamente hasta que pasada la medianoche los vecinos llamaron a la policía y nos obligaron a cerrar”. Era 1980. Hay cosas que no cambian.

Tortilla de patatas con cebolla, por Carmen Erdocia de Taktika Berri

Vídeo de Poldo Pomés - A Carmen la enseñó a cocinar su suegra en Donosti, una señora mayor y encamada, que nunca le gustaba lo que le preparaba. Esta tortilla, que es una de las señas de identidad del restaurante Taktika Berri, también se la debe a ella. Carmen seguía las recetas que su suegra le dictaba desde la cama y hacía lo que podía. Tanto se esforzó que un día la suegra le dijo que ya no podía enseñarle nada más. Parece que pasó de la crítica constante al elogio permanente. Nosotros también se lo agradecemos. Y atención a esta tortilla. El secreto está en el aceite.

 

 

Eduardo Mendoza. Crear un mundo imposible

Eduardo Mendoza no vio nacer al Flash Flash. Vivía en Nueva York, donde trabajaba de traductor en Naciones Unidas. Allá escribió La verdad sobre el caso Sabolta (1975), una novela que abre un nuevo frente en la literatura española, tanto por su estilo como por su temática, las luchas sindicales a principios del siglo XX.

En este artículo, escrito en El Mirador de 1995, Mendoza recuerda que el Flash era un referente para un emigrante como él, tanto por la oferta gastronómica como por el ambiente. “El Flash -escribe- siempre fue un oasis en aquella Barcelona que entonces estaba en la imaginación de muchos, pero a la vista de nadie”.

 

Fotografía de Eduardo Mendoza en el Flash Flash de Jordi Sarrá

El maître psicólogo

Simeón Soria ha sido el maître del Flash Flash de Barcelona durante 40 años. Maître significa maestro en francés. Maestro de sala. Es un cargo fundamental en cualquier restaurante.

 Antes que la comida, su sabor, textura y aroma, es la atmósfera y el diseño del local lo que da la bienvenida al cliente. El servicio suele ser la mitad del éxito de un restaurante. Sin su acierto, las filigranas del chef no sirven de nada. El servicio de sala puede hacer buena una cocina mediocre, del mismo modo que puede arruinar una cocina excelente.

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Los buenos periodistas

Por Xavier Mas de Xaxás - Hubo un tiempo, mucho antes del confinamiento, en el que los mejores periodistas, husmeaban la ciudad a partir de locales y rincones muy bien escogidos. Recuerdo, por ejemplo, a Jaime Arias explicando sus inicios en el vestíbulo del hotel Ritz de Barcelona. Pagaba una propina al botones para que le avisara si veía algún pez gordo y la verdad es que pescó bastantes, tantos que acabó reuniéndolos en un libro que escribió con su colega Juan Sariol. Lo titularon Los vimos pasar y por él desfilan el nazi Heinrich Himmler, los duques de Windsor, el mariscal Pétain, y la familia Rotschild, además de numerosos espías y medradores.

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El fiel, amable y acogedor amigo Flash

Por Quique Sentís - Si, sin dudarlo, el Flash Flash es como esos amigos de la juventud (cuando se inauguró yo tenía 14 años) que nunca fallan. Puede que pases temporadas que los veas mucho y otras que los veas poco, pero en cada reencuentro tienes la sensación de que el tiempo se detiene y que la amistad que te une continua viva.

El Flash es fiel porque no engaña: sabes la carta que te ofrecerá y la comida, con pocas excepciones, es la que tu ofrecerías en casa para tu familia o amigos. Si esperas eso nunca te decepciona.

El Flash es amable porque el maître, los camareros y camareras están atentos y se interesan por ti, pero también porque cuando comes en él te provoca buen humor. Y el buen humor se contagia entre los comensales y la comida, como si quisiera participar de ello, es más sabrosa y apetecible.

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Flash Flash cumple 50 años

Una vesícula biliar y una tortilla para la nueva Barcelona.

Por Xavier Mas de Xaxás - El Flash Flash existe gracias a la vesícula biliar que atormentó a un joven Lepoldo Pomés. Si no hubiera padecido esta grave dolencia, que le obligó a un estricto régimen de alimentos hervidos, Pomés no hubiera sido un obseso de las tortillas. Los médicos le habían prohibido los huevos y casi todo lo que a él le gustaba.

Fotografía de Outumuro

La pena por transgredir era un cólico hepático. Pomés sufrió varios y malvivió bastante entre los 20 y los 35 años, hasta que un cirujano le arregló por dentro y volvió a amanecer.

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