La FilosofĂ­a
del Flash

Los fundadores
En los años sesenta, dos buenos amigos: Alfonso Milá, arquitecto, y Leopoldo Pomés, fotógrafo, con sus respectivas mujeres Cecilia Santo Domingo y Karin Leiz, a las que ellos denominaban "las expertas", practicaban a menudo, en distintos restaurantes nacionales y extranjeros su gran pasión: comer bien. No siempre lo conseguían, pero no dejaban nunca de reflexionar y tomar notas.
Soñaban los cuatro en montar un restaurante en un futuro no lejano. Hablaban a menudos de ello. Discutían, proponían, opinaban sobre mil detalles. Nada quedaba exento de análisis. Los cuatro coincidían en un propósito: montar un restaurante en el que se comiera bien y en el que todo, absolutamente todo, estuviera a favor del cliente sin distinción de ninguna clase. Así de simple y así de ambicioso. Sólo hacía falta una idea.
 

La idea. La génesis.
Pomés era un aficionado a las tortillas y un buen día puso la idea de su pasión gastronómica sobre la mesa de las ideas. "Un restaurante en que una amplia selección de tortillas fueran el argumento principal ".

 

El proyecto
Ninguno de ellos era profesional de la restauración. Su único bagaje eran sus experiencias en intentar comer bien. Se asesoraron y pidieron opinión a profesionales reconocidos del momento. Sin embargo, llegaron a conclusiones que no les satisfacían y decidieron algo en lo que Alfonso Milá jugó un gran papel.
Partieron de lo que les gustaba y de lo que no. A ambos les molestaban los restaurantes ruidosos. En aquellos tiempos la insonorización de los locales públicos era muy deficiente, por no decir nula.

             

1ª condición.
El sonido.
Su restaurante debía estar bien insonorizado.
Pomés aún recuerda la genial imitación onomatopéyica que hacía Alfonso de los habituales ruidos molestos de los restaurantes: el bufido hiriente del calentador de leche, los golpes del casquillo del café, el sonido ofensivo del arrastrar de sillas, etc.
Alfonso utilizó todos los recursos posibles para mitigar estos sonidos perturbadores. En consecuencia, el FLASH FLASH es posiblemente el restaurante mejor insonorizado de la ciudad. Aún estando
completamente lleno, en él nadie está obligado a levantar la voz para ser oído.

  2ª condición.
El horario y las fiestas
No hay cosa más frustrante que llegar a un restaurante poco tiempo antes de la hora de cierre de la cocina y recibir una acogida hostil.
También es incómodo ir a un restaurante sin acordarse de cuál es su día de fiesta. Unos libran el domingo y lunes, otros, el domingo y el sábado; otros, el mediodía del sábado, otros, todas las fiestas. Muchos cierran por vacaciones en agosto, otros del 15 al 15.
Solución: doble plantilla, horario hasta la madrugada y nunca cerrado. Esto es mucho más caro. Los "entendidos" decían que Milá y Pomés estaban locos y auguraban un fracaso inminente. Pero el Flash Flash, desde su inauguración (hace más de 40 años), sólo cierra el dia de Navidad.
  3ª condición.
Los servicios.
En 1970 el lavabo de la mayor parte de los restaurantes era un habitáculo de tercera mal iluminado, feo, triste. Correa y Milá diseñaron los primeros lavabos atractivos de Barcelona a los que hacía tanta ilusión acudir como al comedor.
  4ª condición.
El personal.
¡Ah aquellos antiguos camareros de los tiempos en que el oficio de camarero era de una gran dignidad! Esto significaba amabilidad, calor humano y nada de servilismo. ¿Porqué no intentar reimplantarlos? Se rescataron notables camareros veteranos del viejo restaurante Terminus que cerraba. El Sr. Orquín, el Sr. Doménech, el Sr. Fortuny fueron los maestros del Flash Flash desde el primer día, responsables de la escuela de buenos camareros que perdura hasta hoy.